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¡Lo delicioso del sexo!

Se nos ha enseñado desde la niñez a dormir la voz de la pasión, el cosquilleo de nuestra entrepierna, el deseo que sentimos al ver a alguien atractivo, las ganas de sentir el cuerpo de alguien más, la necesidad de un orgasmo. Nos enseñan a ver todo esto con reprobación, con miedo, y a esconder nuestros deseos con vergüenza como si estuviéramos haciéndole daño a alguien, cuando solamente estamos alimentando un hambre que es normal en nosotros, que es una necesidad.

 

¡Qué mal visto esta querer sexo! Desear un masajes para ejecutivos df, alguien que te chupe, te llene de besos y caricias. ¿De verdad es malo? Todo mientras sea legal o se siga con las pautas de seguridad para ti mismo y los que te rodean, se puede hacer. ¡Ya basta de los prejuicios que nos atan, que amordazan nuestros deseos, y nos dejan hambrientos de placer!

 

Basta con los estereotipos de lo que es correcto o es incorrecto. Si quieres que una profesional realice un masaje erótico, que es lo más inofensivo del planeta, pero que aun así sigue avergonzando a las personas de sobremanera, pues hazlo. Que no te importe, ve a ese URUZ SPA que satisfaga tus necesidades, y cumpla tus deseos, que no te dé miedo.

 

¡Haz lo que desees! Ve a un spa para hombres, hasta comprar una lencería sensual en Victoria Secret, o miles de condones Durex. Todo es válido, lo único que no está permitido es tenerle miedo a los estereotipos y a los prejuicios. Creo que limitamos demasiado de nuestras vidas para cumplir con estas reglas sociales con las que no estamos de acuerdo, o que terminan envenenando nuestros sueños, y deseos.

 

Todo esto por quedar bien con ¿con quién? Con quien queremos quedar bien, o encajar en expectativas que no nos conciernen. Las personas que nos aprecian jamás nos juzgarían sin antes escucharnos, y las otras personas no deberían interesar, porque simplemente no son parte de ti ni ayudan a tu crecimiento personal.

 

Bien dijo el Marqués de Sade:

 

“La conciencia no es más que la obra del prejuicio recibido por la educación, hasta tal punto que todo lo que se le prohíbe al niño le causa remordimientos en cuanto lo viola, y conserva esos remordimientos hasta que el prejuicio vencido le haya demostrado que no exis­tía ningún mal real en la cosa prohibida.”

 

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¡Hasta la próxima!

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