Aprendido a manejar en México

Hola a todos los que están visitando mi blog. A los viejos acompañantes que han seguido mi trayectoria, y a los nuevos que apenas están conociéndome. Les aseguro que no se sentirán defraudados, y cada recomendación que aquí se hace sirve para algo o para alguien. ¡Así que comencemos!

Abundan las escuelas de manejo coyoacan, pero cómo encontrar la perfecta. Yo me quedé traumada la primera vez que acudí a una. Era una jovenzuela emocionada por sacar su permiso de conducir, y al mismo tiempo muy nerviosa. Llegué expectante, y hasta me quedé en el umbral de la puerta contemplando la institución que me enseñaría, que me ayudaría a dar otro paso a la edad adulta. El sudor perlaba mi frente, no podía dejar de morder mi labio, y mis ojos se posaban en todos en busca de ayuda.

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No obstante, el trato fue muy grosero, nadie se acercaba a mí a ayudarme, y cuando yo me aproximaba ni siquiera me volteaban a ver. Me daban las indicaciones con la mirada fija en sus computadoras y sin preocuparse por nada más, y que ni se te ocurriera preguntares nuevamente, porque estabas expuesta a una serie de bufidos enfadados. Traté de respirar hondo, y que eso no afectara mi emoción, porque al fin y al cabo solo tenía 16 años y ya iba a poder dominar el arte de manejar.

Sin embargo, todo iba en declive. También el instructor era muy hostil, impaciente, y no sabía cómo enseñar o al menos no entendía los cambios, los pedales, nada. Estaba completamente abrumada, y asustada por detrás del volante, debo contestar que hasta los ojos se me llenaron de lágrimas, pero no dejé que salieran. Me bajé del coche, y jamás regresé a ese instituto, pero lograron que se me quitaran las ganas de aprender.

Dejé pasar la oportunidad de sacar mi permiso, y fue hasta mi licencia que nuevamente la espinita comenzó a germinar en mi interior. Aunque seguía un poco ciscada por mi experiencia anterior, la mamá de mi mejor amiga me recomendó Escuela de Manejo. En donde no solamente aceptaban todas las tarjetas de crédito, desde MasterCard hasta American Express. De igual manera, todos fueron súper amables en el trato, comencé con clases escitas y ya después logré estar detrás del volante sin tener ganas de volver el estómago. Mi instructor fue muy paciente conmigo, me explicó todo lo que necesitaba, y sobre todo me hizo sentir segura y capaz de poder enfrentarme a las calles de la ciudad de México. La verdad manejar no es difícil, lo complicado se vuelve saber en dónde aprender.

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